7 de noviembre de 2009

Controlar emociones. Sí, aveces.

Quizá lo más importante que debemos aprender de la comunicación es como llevarla a cabo de manera efectiva. Aún teniendo miles de ideas, si el perceptor no llega a comprenderlas todo se vuelve un gasto de esfuerzo mental y de saliva.

Una de las barreras más grandes con las que debemos luchar es la emoción desmedida. Esta ataca la conversación, para bien o para mal nos da la fuerza para argumentar o señalar nuestras ideas. Mientras tanto, la razón, su contraparte, establece un lugar común para la discusión.

No es lo mismo hablar con la cabeza fría que hablar con el higado.

Controlar las pasiones que nos mueven por la vida, no es fácil, pero la razón puede ayudarnos a lograrlo. Con su ayuda, debemos intentar promover emociones que aplaquen emociones desmedidas y negativas. En otras palabras, encontrar la razón adecuada, capaz de vencer a nuestros impulsos.

No es tarea fácil, pero casi nada bueno lo es. El primer paso es comprender que las emociones pueden determinar nuestro éxito o fracaso en el ámbito de la comunicación.

En una discusión acalorada, nuestro cuerpo abandona la ruta alta y larga de la razón para desbocarse por el camino bajo. Peor, si está en juego nuestra integridad, salud o imagen. Muchos atacamos con dureza, otros corren. Somos a fin de cuenta, animales en evolución. La vida es nuestro laboratorio.

Haber desarrollado la razón, quizá sea un logro para el hombre, pero manejarla sobre nuestras emociones será un logro de la humanidad. Pero no lo veo cerca.

Todos perdemos la razón, y hablamos basados en emociones gran parte del tiempo. Y pese a que "tener la fuerza de voluntad" para contenerlas es nuestra meta. Aveces se puede, otras no. Dependiendo del día, humor o persona con la que lidiemos.

Quizá a los comunicadores se nos obliga como regla seguir el camino alto, pero nuestro camino bajo tiene obstáculos para seguir nuestras convicciones, principios o metas. Así, dependiendo del tema y la fuerza emocional que cargue, serán los resultados de este choque, entre emoción y razón.

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