9 de octubre de 2009

Que gusto...

Siempre he pensado que la mayoría personas son defensivas por naturaleza, muy cautelosas y frías. Quizá en algunas ocasiones Hobbes no se equivoca y algunos diambulan como lobos tras su presa.

Pero hoy, me di cuenta que en esa actitud enigmatica y egoísta, objeto siempre de mis críticas, existe una responsabilidad personal que se cala entre sus gestos y acciones.

Yo siempre esperé reacciones violentas, o quizá no violentas pero sí hostiles. Y eso fue lo que me llevo a recibir, en muchas ocasiones, justamente lo que yo esperaba.

Los seres humanos somos animales, y como criaturas en evolución que somos, necesitamos recibir muestras físicas de apaciguamiento. Suena mal, pero somos como perritos temerosos, listos para atacar o escondernos cuando sea necesario.

Si nos pisan la cola, somos impulsados a morder. Y si nos gruñen, gruñiremos más fuerte.

Así aprendi que los estimulos, y en nuestro caso las actitudes que tomemos respecto a la interaccion cotidiana, pueden darnos un panorama claro de las relaciones que llegaremos a establecer y el mundo que iremos a percibir. Quizá sea nuestra capacidad de raciocinio la que nos puede ayudar en esta difícil tarea de comprendernos y comprender a nuestros allegados. Si digerimos que muchas de nuestras actitudes responden a fuerzas defensivas, podremos hacerle ver a los que nos rodean que nuestras intenciones son de paz.

Un venimos en paz, disfrazado de sonrisa o camuflado tras un gesto amable puede regalarnos el cielo y ser como la estrella para Mario: que nos permite avanzar, destrozar a nuestros enemigos y aprovechar los hongitos y flores que nos da la vida.

Suerte.



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