19 de abril de 2010

Cuando se va todo a la mierda...

Es casi imposible levantarse. Yo se que suena feo pero no hay otra expresión que conozca que se asemeje y que me cause la misma apatía. En esos momentos las groserías y malos pensamientos emanan cubriendo un posible llanto. Todo se oscurece y el futuro se ve imposible.

¿Cómo puede el mundo cambiar así? Amamos, odiamos. Brincamos y tropezamos, todo tan rápido que poder afrontarlo o digerirlo con éxito es una idea demente. En un momento estamos bien, sonriendo, y pasa algo que nos consume en una tristeza absoluta. Así porque así. No creo que haya una formula mágica, a diferencia de lo que podría creer un escritor de pensamiento positivo, para afrontar el cambio abrupto de rumbo.

Sé parte de vivir, pero definitivamente no es mi parte favorita.... Somos una casa solitaria en medio del campo, esperando el sol y la lluvia pero nunca un tornado. Somos una estructura que resiste y persiste a embates del cambio climático, aveces con éxito y otras no... Yo se y todos sabemos, que debemos levantarnos y seguir adelante. Lo dificil es intentar contener el daño, protegernos del dolor.

No es imposible. Podemos trabajar para hacer la casa más fuerte. Eso no evitará la tempestad, siempre habrá vicisitudes que nos van a doler, pero si nos ayudará a superar la caida con mayor facilidad. Debemos volvernos fuertes, es casi un requisito de vida, indispensable como respirar, porque el dolor nos cambia.

El dolor juega con la quimica de nuestra alma y nos transforma, no siempre para bien lamentablemente. Aveces un sufrimiento puede convertirnos en personas totalmente diferentes, volátiles y amargadas. Personas que odien amar, compartir y hasta vivir.

Si dejamos que la tormenta se lleve partes de nuestra casa y no tenemos fuerzas ni voluntad para recogerlas y reconstruir, es probable que nuestro hogar sea una tugurio en poco tiempo. Que se nos llene la sala de suciedad, que se nos manchen las paredes y sintamos frio todo el tiempo por falta de techo. Hasta que no quede nada de lo que una vez vimos, en nuestra vida.

Cuando todo se va a la mierda tenemos que tener el cuidado de no sobredimensionar el problema y consumirnos en un dolor que disipe nuestra esencia. No hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, como dice Darío, debemos aprender a vivir con el dolor porque es parte de vivir. A manejarlo para que no nos maneje a nosotros, a callarlo cuando ya estamos hartos de llorar y de sufrir.

Lo digo porque lo viví. Me cambió a mi. A placer. Y deje que las partes de mi casa se fueran tan lejos que aun no he encontrado todas para sentirme yo de nuevo.

Combatir el dolor es tan importante, que sino lo hacemos, dejaremos de ser nosotros mismos en poco tiempo... Debemos luchar. Con uñas, dientes, pasión y razón. Porque... o es él... o somos nosotros. El alma o el dolor. No podemos tener ambas. El clima es temporal, la tormenta pasa, pero nuestra casa no, y si la abandonamos a su suerte, estamos renunciando a nosotros mismos.

6 comentarios:

andrés dijo...

en el fondo debemos ser peones, maestro de obras, arquitectos, diseñadores, ingenieros, fontaneros.... y aun asi no podemos asegurar que tendremos una casa a prueba de todo. Cada dia es una prueba nueva, contra una arma nueva, novedosa... afilada.

No dudo en que logres encontrar los pedazos que quedaron esparcidos, recuerda que si no los ves a siemple vista, por lo general estan detras tuyo...

Buen post, un abrazo

Joha dijo...

Armas novedosas, que miedo, más vale que nosotros innovemos también.

Me gusta esa frase del final... te la voy a robar un día. Es muy interesante, muy metafórica que llaman. jajaja.

Un saludo, un abrazo y unas gracias por comentar. ;)

Valaf dijo...

Me gustan las tormentas, y el olor que deja el rayo, y el perfume embriagador de la tierra mojada.
Y el color del cielo cuando sale el Sol (suele acabar haciéndolo). Y la vida que renace tras todo ello.

Un placer.

P. Vargas dijo...

Creo que te entiendo perfectamente. Hemos pasado mucho por esas viejas calles llenas de tormentas, y hemos sido testigos de como el mundo se derrumba ante nuestros ojos. Sin embargo, mañana a mañana volvemos a construirlo, que más da si la lluvia se lo lleva de nuevo, volveremos a construirlo, una y otra vez, hasta que sea capaz de soportar el vendaval y las tormentas, y permanecer para aquello de fue creado.

Momentos como esos, son recuerdan la virtud de estar vivos, pero más que nada son capaces de enseñarnos y prepararnos para el futuro. Lo que somos hoy, es el producto de las cosas que hemos vivido, de cuanto hemos luchado, y cuanto hemos soportado, lo que enfrentamos hoy es formación para los problemas que conoceremos en el mañana. Por eso más que luchar contra la tristeza, creo que es aprender a vivir junto a ella, reconociéndola como tal, y no dejando que esta nos domine...

Buen post amiga, nos seguimos leyendo, un abrazo!

Joha dijo...

Gracias Valef, los comienzos siempre son hermosos... aunque al principio puedan casar dolor.

Joha dijo...

Si, siempre habrá tormenta. :( Y aunque nos pese es bueno, no podemos buscar la felicidad sin vivir la tristeza. :)
Lo que necesitamos es auto-convencernos de seguir luchando, de enfrentar nuestros retos de conocer el mañana como valientes.

Gracias por tu comentario P. Me da un gusto siempre que pases por acá.

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