21 de noviembre de 2009

La medicina de la indiferencia

Me dispongo a comprar indiferencia, tomaré lo que me alcance y lo haré en pequeñas dosis. Probablemente solo me alcance para una semana.

Necesito una cucharada antes de un semaforo lleno de niños con cigarras de zacate. Otra para caminar por San José entre tantos ancianos pidiendo o trabajando con manos temblorosas. Una más para cuando lea las noticias, y guardaré un poquito para final de cuatri cuando dan los promedios.

Me preocupa ya que el precio para mi sube cada día. Y me encoleriza saber que mientras a unos les sobra, muchos se mueren amargamente al carecer de ella.

¡No importa lo que gaste! Porque ahorraré montones... (dolores, lágrimas y uno que otro enojo).

Me dispongo a comprar indiferencia pero no la recomiendo, ya que es una medicina engañosa. Es vacuna y enfermedad. Es la culpa de todos los males de nuestro mundo. Lo hago por un tiempo, para ver si puedo acaso descansar, caminar y vivir, aunque sea por un momento, sin tanto dolor.





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