20 de mayo de 2010

Conciencia, karma y justicia divina

Cuando actuamos mal, de modo totalmente reprochable, la conciencia aprovecha el peso del mundo y lo pone a cuestas, sobre nuestra alma avergonzada, para ver -si acaso- existe un camino que nos haga volver al sendero de la rectitud, de la justicia.

-Rompimos reglas, es por eso que debemos deambulamos por caminos rocosos- nos susurra la conciencia, y esto nos da fuerzas para internarnos en el bosque oscuro, tenebroso, y alejado del camino iluminado que transitábamos antes de errar. Cada paso duele, pero creemos merecerlo, es el pago por nuestros pensamientos y acciones. Es la justicia divina dicen muchos, es el karma dicen otros. Es el mundo que cambia, todo el tiempo, todos los días. Y, como le he dicho antes, hoy podemos estar bien y mañana sumidos en completo dolor. No es justicia divina, no es karma, no discuto que no existan, pero si creo que lo que influye en que sintamos esas fuerzas... es más nuestra conciencia que algo externo y esto es de lo más tenebroso, ya quiere decir nuestra propia voz debe justificar su existencia en el exterior porque no es oída, porque no es tomada en cuenta. Porque lo intentó, falló y ahora murmulla porque está cansada de gritarnos que no hacemos lo correcto. Es tenebroso porque creemos que existen fuerzas que nos atacan por nuestros errores, cuando es nuestra conciencia la que se debe valer de acontecimiento fortuito para que recapacitemos.

Es duro saber que cuando no nos pasa nada malo errando, esos procesos de conciencia no se dan efectivamente ante la carencia de un hecho sobre el cual anidarse. Cuando erramos y sabemos que cometimos barbaridades, pero recibimos elogios por ello, no cuestionamos en el karma ni la justicia divina, por sentirnos merecedores de ese éxito aunque sea sucio y vil, aunque no tenga ni el menor sentido, lo creemos, porque fácil achacarle a una dificultad nuestra falta de entereza. Caso contrario, cuando somos exitosos siempre, nunca nos detenemos a pensar nada. Por eso, me encanta el dicho de Sigmund Freud: "He sido un hombre afortunado; en la vida nada me ha sido fácil", porque adquiere una nueva dimensión que antes no veía.

Cuando caemos, esos procesos de reflexión, que nos hacen caminar por el bosque más oscuro, son los que nos darán la luz luego para seguir adelante. Porque el ser humano perezoso, necesita la ayuda de "la dificultad" para crecer, porque sin ella, la conciencia muchas veces se queda sin voz...

3 comentarios:

andrés dijo...

No podemos andar por la vida dando todo x sentado, la cosnciencia es esa voz que muchos logran ignorar pero en el fondo sabemos que hemos hecho algo mal, algunas personas logran ignorar esta voz y seguir sus vidas adelante pero dudo que no tengan un momento a solas frente al espejo donde reconozcan sus carencias.

La vida es escuela y las lecciones vitales, en el tema moral, las aprendemos de nuestros errores mas que de nuestros exitos.

buen post Joha, un abrazo

Joha dijo...

aprender de los errores más que de nuestros éxitos. :) Debemos ser exitosos pero que nos haya constao ese éxito para que de verdad crezcamos como personas. Saludos Andrés.

Segismundo dijo...

Los deseos son tan anhelados que al momento de obtenerlos ya no es lo mismo. Pero siempre es bueno desear, porque así tenemos un motivo para levantarnos día a día.
Si quieres te puedo decir mis 5 deseos:
- conocer a Aung San Suu Kyi, es la lider política que más admiro, de una fortaleza admirable, la lider de la oposición en Birmania, ganó en 1989 las elecciones con el 80% de los votos. Ha estado encarcelada 15 años de los ultimos 20.
- publicar una novela, un poemario y un libro de cuentos. Busco mi trascendencia por medio de la literatura.
- trabajar en África: aquel continente olvidado, del cual no me olvido, quisiera colocar un granito de arena para hacer la existencia de alguna de las personas de aquel continente un poco más llevadera.
- tener un amor para toda la vida (o al menos por 30 años), tener una familia y poder cuando sea viejo cocinarles a todos.
- ser feliz.

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